viernes, 9 de enero de 2015

capitulo 27



Cada día estamos más unidos. Cada día más enamorados. Yo nunca me había sentido así. Con nadie. Cada día descubrimos más cosas del otro que nos encantan y alguna que no nos encanta tanto, pero toleramos. Sí, ya hemos tenido nuestras primeras discusiones de pareja también. Principalmente porque los dos tenemos mal genio y somos muy temperamentales. Lo bueno es que tal como nos enfadamos, nos desenfadamos. Yo soy muy de olvidar enseguida el cabreo y él también. Lo malo es que arde Troya en cada riña.

Por ejemplo, sin ir muy lejos, el domingo pasado fuimos a pasar el día a la montaña. Habíamos planeado hacer un pequeño trecking, comer en algún sitio y dar paseos por los pueblecitos, pero nos perdimos y acabamos enfadándonos como bestias, echándonos la culpa el uno al otro de la equivocación. En medio de un bosquecillo yo le gritaba histérica que era un energúmeno (sí, le dijo la sartén al cazo) y un engreído y él chillaba como loco que yo era una histriónica y una despistada patológica. Acabamos mandándonos a la mierda mutuamente. Pero nos duró poco; al subir al coche ya estábamos morreándonos como quinceañeros.

Otro día me pidió acompañarle al Ikea para comprarse una nueva estantería. Es suicidio marital ir al Ikea con tu pareja y más cuando apenas lleváis cuatro meses, así que evidentemente cayó bronca. Pero no quedó allí: montando el mueble Peter llegó hasta a irse de su propia casa pegando un portazo. A los dos segundos ya estaba entrando y, pidiéndome perdón, terminamos de montar la dichosa estantería Lack y de montarnos el uno al otro. Discusiones que tampoco trascienden y nos dejan dar rienda suelta a nuestros temperamentos. Pero más allá de ellas, cada día vamos conociéndonos más y planeando más cosas juntos, como dónde ir de vacaciones o el gran primer paso: conocer a nuestros padres.

Les hablé a mis padres de Peter hace un par de semanas. Él hizo lo mismo. Mi madre se alegró mucho de que hubiera conocido a alguien y estuviera ilusionada, aunque como madre que es, me instó a no precipitarme y a no correr demasiado. Que sí, que sí. Mi padre sonrió muy feliz de verme feliz. Y eso me partió el alma. Mi padre…Y mi hermano se puso celoso y se enfadó porque entonces iría menos aún a casa. Qué tierno.

La cara de Bárbara cuando terminamos nuestro bailecito es un cuadro de Picasso. Madre mía, esto huele fatal y yo decido no decirle ni mu a Peter. Euge sabrá qué hacer.

–Vaya lali, se te ve muy acalorada. Y eso que llevas poca ropa.
Dios.
–Y a ti qué cojones te importa cómo se vea mi chica.

Peter se lo espeta sin a mirarla siquiera, mientras me agarra de la cintura y nos encaminamos a la barra para pedir otra copa. Ahora directamente Bárbara se ha convertido en la furia personificada y se va al baño sola. Cuando miro estupefacta a Íñigo, él me sonríe.

–No te mosquees. Es una zorra y todos lo sabemos.
–Pero…
–Sin peros. Gema es una cabeza hueca antipática pero Bárbara es mala. ¿No te he contado nunca que se lió con un amigo de la universidad de Max, ya saliendo con él? Se lo tiró en el baño de la casa de éste mientras Max jugaba a la Play en el salón con más colegas.
Me quedo muerta.

– ¿Y Max lo sabe?
–Claro que lo sabe. Al final la zorra, pensando que de un modo u otro se enteraría, se lo contó haciéndose la víctima. Tampoco había que ser muy listo para ver el tonteo que se llevaban. A él ya no le habla, claro, pero a ella la perdonó el muy tonto y ahora hace la vista gorda.
– ¿La vista gorda? 
–Vamos La, seguro que te has dado cuenta de que nos mira a todos como queriendo devorarnos.  
–A decir verdad he notado como te quería devorar a ti.

Sonríe y me agarra de la cintura.

–Lo hace con todos. Alguna vez lo hemos comentado, pero por respeto a Max hacemos como si nada y simplemente la ignoramos.
– ¿Y no habéis hablado con Max de esto?
–No, eso son cosas entre ellos.

Frunzo el ceño y él me lo besa.

–Si yo viera que Nico hace eso, se lo diría a Euge en menos de un minuto.
–Las tías sois así. Los tíos, no. Si tu amigo quiere salir con una zorra, no es tu problema. Las cosas ya caerán por su propio peso.


Inevitablemente pienso en Marcos y en el día que me dijo que se iba con otra. Cierro los ojos sin querer e inspiro fuerte. Abro los ojos ante un tierno beso en los labios.

– ¿Qué pasa, nena?
–Que me da mucha pena Max. Que te engañen es horrible, Peter. Es una sensación vomitiva y humillante. Él parece muy buen chico y no se lo merece.
–Lo sé. A todos nos da pena. Pero también es cierto que él es el que no quiere ver lo que hay.

Asiento. Tiene razón en eso. Me pregunto si yo tampoco quise ver lo que había.

–Siento haberte recordado a tu ex.

Lo dice serio, tenso y enfadado. No hemos vuelto a hablar de él desde nuestro primer beso y no ha hecho falta. Con los hechos le he demostrado a él y a mí misma que está más que superado el amor que sentía por Marcos, pero recordar la humillación y el dolor que sentí es desagradable. Sonrío y le acaricio la cara.

–No me has recordado a mi ex. Me he acordado de lo mal que se pasa cuando te enteras de que has sido imbécil, que es distinto.

Me abraza. Yo me lo quiero comer.

–Sé que es pedir un deseo impredecible pero por favor, Peter, tú no me hagas eso. Nunca me hagas eso. Si conoces a otra persona y te enamoras, sencillamente dímelo en cuanto lo notes. Si te apetece tirarte a otras tías cuando no estoy, sencillamente déjame. Pero no me engañes. De Marcos lo sufrí y lo superé. De ti, directamente, no lo soportaría.
 ¡Lali!

Me lo dice muy tiernamente, como si se lo dijera a una niña, que a veces es lo que soy, cogiéndome la cara entre sus manos y mirándome muy fijamente.

–No tienes que pedirme nada, claro que no te haría eso. Soy un hombre honesto, nena. Sé que te resultará más difícil confiar en mí después de lo que te pasó y que no hay palabras que puedan asegurarte nada, pero, simplemente mira los hechos, mira cómo me comporto contigo y confía en tu instinto.

Sonrío tranquilizándome. Qué tonta me pongo con este tema. Le beso porque no puedo hacer más que adorarle.

– ¿Por qué has dicho que de mí no lo soportarías?
–Porque te quiero, Peter. Como nunca he querido a nadie.

Se lo suelto a bocajarro y sin edulcorantes. En medio de un bar mientras suena «I will wait for you» de Mumford & Sons y me sigue agarrando de la cintura. Menuda frase he elegido para deshacer el poco filtro mente boca que me quedaba. Estupendo, pienso, y espero que ponga alguna cara de circunstancia o que me dé un beso para callarme y sigamos la noche sin más. Pero de nuevo me sorprende, mirándome con los ojos muy abiertos y susurrando:
–Por fin.
Suspira como aliviado al decirlo.
– ¿Por fin?
Frunce sus labios en media sonrisa que me vuelve loca y repite:
–Sí, por fin.
Sonríe mucho.
–Por fin.


Restriega su nariz contra la mía y yo le acaricio la cara. Sonreímos y nos besamos como dos tontos enamorados mientras sigue sonando «I will wait for you».


Espero que os guste

Besos!
@onlyespos_

0 comentarios:

Publicar un comentario

:3

:3

Wonderland life Designed by Ipietoon © 2008

Back to TOP